Quiero encontrarme.
Me siento perdida entre el ruido, la nada y en los sentimientos.
Y quiero que me toquen.
Estoy lejos de cualquier cosa que pueda acariciarme, estoy en el zarzal más espeso del bosque.
Pero me abro en canal, me abro. Cada vez que siento lo más mínimo, me abro.
Y lo normal es que me encante, y lo normal es que luego sufra mucho.
Para sacarme las espinas, creo. Saco el sentimiento de dentro hacia fuera. A veces luego lo rompo, a veces lo guardo, a veces lo pongo en un altar. El formato no importa, el material no sigue una pauta.
Como mis sentimientos, el material cambia.
Ahora me siento en crisis, claro, 24 años son para estar en crisis.
Y además, furiosa.
He pasado estudiando la vida y no tengo un piso, no he inventado nada, no tengo ni pareja, ni entiendo a Lacan, ni me emociono igual cuando voy al cine.
Quiero una habitación a la desolación, a la juventud, a mis adentros y afueras, una habitación de la furia, de lo fugaz, de la celeridad y del nervio que me corroe por dentro para con suerte encontrarme entre tanto ruido, tanta nada y tanto sentimiento.