06 septiembre 2017

Couvervan

Esta noche duermo sola y me arde el vientre. Papá dice que el primer día de clase ya no puede causarme tanta desgracia, y lo dice porque he hablado de un butrón inconmensurable. Esta noche recorro la última costilla con las uñas recién demacradas. Te deseo con toda mi alma. Y yo no quiero seguir pero a la vez sí quiero, debo, tengo que. No quiero tener que pero debo. Debo, digo bebo, dudo. Sudo, pienso despacio y crece mi apetito, solo he cenado calamares y tres desconocidos me han besado. Cordero me tocaba demasiado: vaya cura, párroco, padre. Que yo no paro de soñar contigo. Hace mucho que no duermo tan bien que como en esta noche tan estrecha de noventa en la que el abrazo ha durado ocho horas. Tú no eres como las personas con las que me relaciono, tú vales y yo quiero demostrarlo porque esto tiene futuro es algo especial que en un mundo paralelo es para siempre ¿para qué? Vivamos el ahora, yo quiero estar contigo. Martina, apaga la luz es tarde. Es tarde, ha entrado un mosquito y Lucas se va mañana. Que te quedes conmigo que soy la mejor opción y nada de venerar a cinco y menos a un teclado. Pero si eres súper femenina.
Te quiero, ay no, mierda, eso no tenía que decirlo. Y yo a ti. Luna, luna, silvestres, gracias, Vancouver, sol, primavera. Lo que más me gusta de ti es que eres muy tú. Eso es muy vago, no, no, es especial. Por eso siento diferente, me haces diferente, me haces feliz.