03 mayo 2019

De siompre

Parche.
Parche.
Parche.
Estoy. Estoy. Estoy.

Me apetece silencio y por encima del silencio, me apetece estar dormida mucho tiempo. Y por encima de eso, me apetece salir en la tele -en todos los canales, en todos-, en los periódicos y en las portadas de las revistas de moda, y en las radios y en todas.
Lo que más me gustaría del mundo sería tener dinero.
Quiero dinero para comprar un piso viso vacío y poner una cama en medio de la habitación diáfana que tenga una pared negra y crear y crear y crear. Quiero dinero para tapar unos cuantos agujeros no parcheados y empezar a trabajar.
Ah, y no quiero hablar de la superficie, me atraganto, coño, poto.
Quiero hablar de lo intenso, que me encanta, que me gusta más que las croquetas y el salmón.
Y quedarme aplastada frente la intensidad, un vasto vocabulario y unos brazos de tío de esos que tienen las venas saliendo pero que no haga falta mediar conversación, que me aburro, coño, que me aburro.

No sé qué se hace a los 30 ni si he perdido el brillo, me la suda.
Nunca me importó tener cuerpo hasta que empezó a dolerme.