10 noviembre 2018

Blue Boom


He vuelto al proyecto azul para despedirme.
Ayer me enamoré.
Y ayer, papá, otro idiota me rompió el corazón.

Que quiero ser nube pero no quiero volar.
Quiero hacerte mil vídeos para que no los veas pero volcar todo el imaginario que recubre tu sombra en la parte de atrás de mi mente que sobresale al acostarme y flota y me hace soñar.
Te quiero fuera. 
Te quiero fuera porque no quieres estar dentro. 



01 octubre 2018

Sacuró-Li

Línea, línea, punto. Dentro no se puede fumar. 
Voy de caza sin escrúpulos, ando mal.  
Ayer me atravesó pero el voltaje soy yo y no tuve ganas de llorar. 
Lisa. Lisa decía que en Japón hablan de la belleza de las fisuras de los jarrones y me puso de jarrón. Jarrón, siemprevivas y pájaro. Jarrón y blanca habitación. Y yo pensé que frío, que suelo, que marmol, que hormigón. Crespón negro. Cajón. Y no. 
Ella hablaba también del tiempo. Y su tiempo no está fracturado pero sí se funde con el aire entre la lava que dobla el plástico de esta construcción. Lisa es digresión y lo he entendido este verano.
Repito: 12 años y lo he entendido este verano. 
Pero por eso es para siempre, porque ese siempre dura lo que dure yo y aunque yo soy muy corta ante su plena extensión, mi estructura está hecha de su belleza y, entonces, mis cicatrices están causadas porque mi estructura es fisura y es digresión. 


Noviciado: quiero vigilarte. 
Amore, ocurramos, yo me curé.

03 julio 2018

Malasaña me ha dejado cicatrices en el empeine y en Lavapiés me quemé.
La ciudad pasó sobre mí.

La ciudad es el escenario de representación del poder. La ciudad se moldea a través de la cultura hegemónica y la contracultura. La ciudad es, en resumidas cuentas, cultura. Ahora, la ciudad moldea mi espacio interior. Y a veces no sé si la ciudad es antes que yo o yo hago la ciudad. Pero quizás esta perspectiva lefebvreriana no nos lleve a ninguna parte así que por qué no, centremos la respuesta a un individualismo fragmentado y líquido liberal.
Hago la ciudad porque puedo y, a la vez, la ciudad es donde en Sol dan las doce y el público se abraza. Yo me creo a través de crear la ciudad. Y no es mi mero fondo del feed de Instagram, esta plataforma también pasará. La ciudad me despierta y grita que me apresure, que cruce y compre; que espere el próximo tren. No hay estaciones en la ciudad porque asfalto y la gente están tan calientes que nunca tengo frío. Los grupos de música que admiro pasan por mi escenario, mi ciudad, y en la puerta me piden un fuego que no tengo pero que me encantaría dar. Y en la esquina de la calle alguien ha pintado un “te amo” efímero que la lluvia borrará. La mano tibia de mi abuela me detiene a contemplar la fachada ajada de un edificio que vio levantar. Y las plantas del invernadero del Botánico, no obstante, están igual. 
Recuerdo en Melbourne una noche densa donde el tiempo se paró: la lluvia estaba suspendida y no caía. Pensé que de alguna forma, el continente entero estaba abrazándome porque había entendido que estaba sola.
Y a contrarreloj no dejé una calle sin recorrer del downtown austral.
Ciudad y tiempo, espacio y ciudad. El tiempo puede cambiarme pero yo puedo cambiar la ciudad.
Y así paso a positivo el mensaje del glam.
¿Por qué quiero cambiar la ciudad? 
Porque necesitamos aumentar los espacios de representación de la realidad real. La vida está pasando mucho más deprisa de lo que el espacio de la urbe refleja. Este reflejo necesita con urgencia un lapsus, que como una burbuja huida de una escafandra perdida, irrumpa en las arterias de la ciudad.
Esta ruptura de brillo inevitablemente solo puede ser producida por la juventud, por ser efímera, por ser tan rápida como la ciudad.

06 marzo 2018

Zosbra

Un amor en cada puerto y tres palabras muertas reposan en mi espalda. Gano. Siempre gano, always right. Y ahora me siento en un bosque semimuerto, no me gusta, está seco y no hay humedad. Y he pisado una sima. Y ésta tenía un cepo, y el cepo, napalm. Me siento medio cuerpo, aquí no puede andar. Que me dejen en paz. Me disfrazo de río, soy combustión. Me apago. As. No siento nada porque lo siento todo. De verdad, perdón. Siento en el alma -junto las manos en mi pecho- que no estoy. Sentio ergo sum. Y si no siento no sum ni su puta madre. ¿Puta? Puta yo, puta por lista, puta por pasión. No pasa nada, yo nunca jamás he sido así. Si quieres una persona así, yo no soy así, yo no soy así ni su puta madre. No tengo por qué ser así. Y si te he dado a entender otra cosa, yo no. Ya está. Y lloro. Y rompe un plato contra el fregadero porque tienen que fregar. Y lloro. Porque la violencia me está violentando, y me siento back home. Hogar natal, Collado de Marichiva 3º, 3ºB. Eres horrible vs eres especial. Y se sienta en el sofá -los dos lo hicieron- y llorando dice que no puede ser de otra forma. Qué voy a puto hacer si no me apetece ni puto follar. Y no estoy hablando de follar, no hablo de que me la metas, me la saques, me la metas, me la saques. Que quede claro, chaval, de los dos te follo yo y te follo a rabiar. Y yo lloro, pero en silencio, porque aún es 2017 y la palabra de este año es elegancia, pero de elegante nada porque estoy con el pelo mojado y desmaquillada. Y pienso, qué coño, que me recuerde así. Abro la puerta y me voy. Y no me ha vuelto a ver. Y me escribe, que qué tal. Pues de-pé-eme, me he librado de otro maltratador. Pero ojo, el problema lo tengo dentro porque vuestra aura me atrapa y no me cauteriza de rótulas para abajo. No siento nada con la bondad. Que no existe coño, pero sí la ingle que me domine. La ingle y el clavel. ¿Y de qué hablo? De qué han hecho los romanos por nosotros. ¡Rocky! ¡Brad! ¡Rocky! ¡Janet! y ya no puedo más.
No le he vuelto a ver.
¿Y sabes? Así no. Porque siento que no valgo nada, siento culpa. Perdí la pasión. Y la culpa crece como una manzana con moho. En mi pecho y me bloquea la garganta. Las pepitas se me clavan. Me siento de madera, pianista, cuchillo. La casa arde. El espejo.
No eras -ni eres- nada. Pero te rellené de contenido, y claro, me encantaba.