Agosto siempre fue cruel y julio bastante la hostia. Este julio empezó como el tren que rompía mis silencio, y yo a su vez sin miedo. ¡Que está muerta!
Me alegró sentir lo suave de nuevo. He dejado de temblar. Se ha parado la tempestad.
Y dejé el nervio, el sentimiento de soledad.
En julio dos personas me tocaron de más. Me tocaron mal. Llevo 10 días de julio y dos hombres me han tocado mal. Conocí a un chico y fui un 9,2 de lo que soy -bastante buena nota-. A mí no se me ocurre tocar a nadie dormido, no se me ocurre agarrar a nadie que no quiere ser agarrado. Y a la vez ese chico fue un 5,4, la verdad, y yo ya estoy en un punto de mi vida en el que a)no necesito la mediocridad por ningún lado y b)separo bastante bien los sentimientos. Pensé, no sé por qué, que el abuso era la clase de cosas que a mí no me pasaría. Pensé que no abusarían de mí igual que pensaba que los chicos me valorarían.
Marta me dijo que fuera como era, sin necesidad de bajar esa intensidad.
Y como cuando Lisa me dijo que estaba orgullosa de mí, que Marta me dijera que así estaba bien pintó todas mis cicatrices. Todas.
¡Estoy!