El sonido atronador y las chispas del cable antes de entrar el primer vagón sentenciaron en mi pecho la siguiente frase:
Ya no creo en el amor.
Hacía tiempo que la cabeza me lo pedía a gritos pero nunca las pasiones se habían pronunciado tan claro al respecto.
Con el tiempo he perdido el sabor a polvo que me dejaba ese horrible dolor de cabeza que causaba tanta lágrima. A veces creo que tantas esquirlas no cabían dentro y por eso dolían tanto al salir.
Se llevó la luna.
Este puto ímpetu mío fue más seco y con un eco prolongado.
Un martillazo en una sima y arrastró hasta el último grano de arena del desierto.
Se llevó las estrellas.
Y aún no he encontrado palabras: veo un enorme nudo donde no me distingo a mí de mis recuerdos. Se fue conmigo, me dejó aquí.
Ya no creo en el amor y, a veces, tampoco en mí.
01 mayo 2017
Checo
Hola,
Creo que estoy haciéndome bipolar forzada, por condiciones materiales, porque nadie tiene tiempo para más. Y yo me sujeto, lo juro que lo hago. Y cuando río es de verdad. Pero me duele tanto el tórax como las muelas y es que nada me calma. No puedo contártelo porque no sé como hacerlo, no sé qué decirte que exprese que como alguien me toque, combustiono; y como alguien me diga algo parecido a sus palabras, voy a meter la cabeza en el horno. A veces no puedo más porque necesito estar aquí, donde ya no estás tú, pero sola, para no verte y llorarlo hasta que no duela. Para no verte y sentirte, y asumir que a una parte de mi la has matado con las mismas palabras, tacto y susurros que una vez sirvieron para lo contrario.
La parte que te amaba ha hecho que me odie.
Creo que estoy haciéndome bipolar forzada, por condiciones materiales, porque nadie tiene tiempo para más. Y yo me sujeto, lo juro que lo hago. Y cuando río es de verdad. Pero me duele tanto el tórax como las muelas y es que nada me calma. No puedo contártelo porque no sé como hacerlo, no sé qué decirte que exprese que como alguien me toque, combustiono; y como alguien me diga algo parecido a sus palabras, voy a meter la cabeza en el horno. A veces no puedo más porque necesito estar aquí, donde ya no estás tú, pero sola, para no verte y llorarlo hasta que no duela. Para no verte y sentirte, y asumir que a una parte de mi la has matado con las mismas palabras, tacto y susurros que una vez sirvieron para lo contrario.
La parte que te amaba ha hecho que me odie.
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