28 mayo 2017

El sonido atronador y las chispas del cable antes de entrar el primer vagón sentenciaron en mi pecho la siguiente frase:
Ya no creo en el amor.

Hacía tiempo que la cabeza me lo pedía a gritos pero nunca las pasiones se habían pronunciado tan claro al respecto.
Con el tiempo he perdido el sabor a polvo que me dejaba ese horrible dolor de cabeza que causaba tanta lágrima. A veces creo que tantas esquirlas no cabían dentro y por eso dolían tanto al salir.
Se llevó la luna.
Este puto ímpetu mío fue más seco y con un eco prolongado.
Un martillazo en una sima y arrastró hasta el último grano de arena del desierto.
Se llevó las estrellas.
Y aún no he encontrado palabras: veo un enorme nudo donde no me distingo a mí de mis recuerdos. Se fue conmigo, me dejó aquí.

Ya no creo en el amor y, a veces, tampoco en mí.

01 mayo 2017

Checo

Hola,

Creo que estoy haciéndome bipolar forzada, por condiciones materiales, porque nadie tiene tiempo para más. Y yo me sujeto, lo juro que lo hago. Y cuando río es de verdad. Pero me duele tanto el tórax como las muelas y es que nada me calma. No puedo contártelo porque no sé como hacerlo, no sé qué decirte que exprese que como alguien me toque, combustiono; y como alguien me diga algo parecido a sus palabras, voy a meter la cabeza en el horno. A veces no puedo más porque necesito estar aquí, donde ya no estás tú, pero sola, para no verte y llorarlo hasta que no duela. Para no verte y sentirte, y asumir que a una parte de mi la has matado con las mismas palabras, tacto y susurros que una vez sirvieron para lo contrario.

La parte que te amaba ha hecho que me odie.