No cogió el teléfono. Atravesé las hordas de gente que plagaban las calles del parque temático al que me había mudado esperando que devolviera una llamada que no devolvió. Las Anas lo habían olvidado al igual que ella olvidaría el de las Anas, estoy segura. Supongo que empieza así o, al menos, se desarrollan así, las amistades adultas a distancia donde los mensajes se acortan, las palabras poco a poco tiene mas espacio entre ellas hasta quedarse como la nariz de una esfinge. La verdad, me gusta mi trabajo pero, la verdad, no me puede hacer más gris.