Hemos hablado de la posibilidad de ir a tocar a Vigo y me ha hecho ilusión por si acaso puedo encontrarte.
Como aquel 9 de agosto de 2019 nunca contestaste, una parte de mí se quedo esperándote mirando el teléfono, luego follándome a un desconocido y recorriendo las calles de Vigo semi-en-pena una vez hubo amanecido.
Vigo tiene al menos un fantasma -que no sé si soy yo del pasado o tu ausencia- pero Vigo me espera con una cara de luz y otra de pena.