Hubiera sido fácil y bonito y simple y por mi parte arduo y callado y silencioso y angosto, porque para qué engañarnos, mi espacio era estrecho de pelotas si es que acaso podíamos señalar un espacio como mío. Hubiera sido banal e insatisfactorio y hubiera llorado a menudo en el baño.
Lo que hace el mal querer y el refuerzo intermitente. Crean en una tal pantalla de nube que es posible tirar por tierra todo el amor propio por un rayo de sol, uo-oh-oh, de tu corazón.
Pues ni rayo, ni sol, ni uo-oh-oh, ni corazón. Nos quedamos la tierra, el amor propio, la nube y yo.